Mostrando las entradas con la etiqueta singularidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta singularidad. Mostrar todas las entradas

miércoles, abril 10, 2013

La relación hombre – máquina: análisis histórico

Las máquinas, como evoluciones formales de las herramientas, han estado con nosotros desde el inicio del desarrollo cultural. Primero como extensiones de los seres humanos, y luego como artefactos independientes de la manipulación del hombre.

Los artificios han acompañado al homo sapiens no solo en su desarrollo tecnológico, sino incluso en su conciencia mítica: Vulcano, forjador de las armas de los dioses, tenía a su mando marionetas de oro que le ayudaban en su labor; en la literatura judía tenemos la figura del golem como ente animado por poderes adquiridos gracias a la cercanía con Dios; Pigmalión y Galatea son los protagonistas del mito griego de la primera mujer que cobra vida de una estatua; Ícaro y dédalo, actores principales en los que la relación con la máquina cobra un final trágico… Esa conciencia mítica da pie a personas tan brillantes como Leonardo Da Vinci a crear artilugios mecánicos, aunque muchos no funcionales, sí inspiradores para una gran cantidad de inventores que crearon otro sinfín de artilugios mecánicos como los autómatas de Jacques de Vaucanson. Pero, a pesar de que las máquinas siempre han acompañado al hombre, no se han relacionado de la misma manera a través del tiempo con él.

Para estudiar la forma en la que los individuos han interactuado con los artilugios, podemos dividir la historia en 4 etapas (A partir de las divisiones hechas por el autor Alvin Toffler en su libro “La tercera ola”).

En la primera etapa, el humano se relacionaba de manera simple y directa con sus herramientas: flechas, lanzas, hachas rudimentarias y cuchillos, eran los artificios comunes de esa época, así como los palos, lianas, algunas pieles y vasijas. Desde el punto de vista netamente funcional, la relación “hombre - máquina”, o en este caso “hombre – herramienta” era determinada por la experiencia, la prueba y el error, y la acumulación lenta de conocimientos para optimizar el uso de la energía.

Cuando el hombre conoció la agricultura, se volvió sedentario, lo cual multiplicó las posibilidades de innovación, y a su vez, lo hizo entrar en una segunda etapa histórica. Surgieron los establecimientos ciudadanos, los pueblos, luego las villas, y finalmente los inicios de las ciudades. Los registros históricos pueden dar pie de la cantidad de innovaciones en cuanto a mecanismos, ciencia, técnica y tecnología: el inicio de la documentación de los conocimientos, su reproducción, la evolución de la técnica para dar paso al método científico, una enorme época de oscurantismo en el continente europeo mientras en el americano las tribus indígenas desarrollaban conocimientos en astronomía, agricultura, tejidos, e incluso cañerías.

Y con el renacimiento, la ilustración, la época de las luces, los burgos, la industria y el comercio, se empezó a cocer el caldo de cultivo de la tercera etapa de la historia, la revolución industrial. Se llamó revolución porque, en efecto, transformó de manera radical la forma en la que vivíamos, consumíamos, y percibíamos la existencia. Soportada en el modernismo, y con la idea de “progreso”, la revolución industrial explotó  todo el potencial del capitalismo de producción y, asimismo, la cantidad de artilugios técnicos necesarios para la producción en masa de artículos de consumo masivo. Como era de esperarse, esos artilugios necesitaban una mano humana que los administrara y les diera guía en las plantas de manufactura. Y también, como lo relata la historia, los seres humanos pasaron a ser repetidores de movimientos, indefinidos, insertos en la cadena de montaje. Los artilugios generaban movimientos iguales durante largos periodos de tiempo, y el ser humano, como cuerpo biológico y manipulador de estos artilugios, está lejos de ser un dispositivo de repeticiones sucesivas. En ese momento, la relación entre el hombre y la máquina se transformó, pasando de ser una relación directa y apoyada en la prueba y el error, a ser una relación mediada por el entrenamiento, y soportada por la repetición. Esto trajo consigo toda una serie de fenómenos sociales, culturales, existenciales, y sobre todo, objetuales. Basta con ver la película “Metrópolis”, donde el director de la cinta, de la mano de Charles Chaplin, caricaturizan con cierto nivel de crudeza y sarcasmo, la dirección del progreso humano: para que el trabajador rinda más en su labor repetitiva, carente de estímulo creativo, deshumanizadora, y a la que los obreros acuden como ovejas en un rebaño, el dueño intenta conseguir una máquina que les dé de comer mientras trabajan, para que no tengan que reducir la producción a la hora del almuerzo. Obviando la evidente crítica del capitalismo de producción, que pone el capital por encima del individuo violando sus principios fundamentales e ignorando que la existencia del sistema es para facilitar la vida de todos los seres humanos y no solo de unos cuantos, también podemos observar un enorme malestar en la cultura, consecuencia de la explosión industrial.

Recordemos que las líneas de montajes, que requerían una enorme cantidad de obreros, desplazaron grandes masas de personas desde el campo a la ciudad con la promesa vana de un futuro mejor (La revolución industrial estaba basada en la idea del progreso modernista, que fue un fracaso histórico), creando grandes urbes y cinturones de pobreza enormes en ellas. Sin embargo, ese malestar, como cualquier otro, sirve de aliciente para crear transformaciones, y la revolución industrial no lo fue para menos. Al brindarle la posibilidad a una gran cantidad de personas (ciudadanos, habitantes de la “metrópolis), de acceder a objetos de consumo, como electrodomésticos, ya no hablamos de una relación hombre – máquina mediada por el entrenamiento, sino masificada, hiperexplotada, superdesarrollada, impulsada por el consumo, y mantenida por la novedad. Esta serie de artefactos que inundaron la cultura, fueron creando un sedimento artefactual, una impronta, que de alguna manera le decía a las personas cómo debían usar los objetos futuros que compraran, gracias a que en el pasado habían tenido un objeto similar, que funcionaba de manera parecida. Tenemos entonces que la revolución industrial y su devenir, caricaturizado por Chaplin en “Metrópolis”, masificó la interacción hombre – máquina, pasando de ser conocimiento de unos pocos, a necesidad de la masa.

Acá vale la pena hacer otro tipo de análisis: ¿cómo se relacionan los hombres con los objetos recién creados? ¿Cómo es esa interacción? ¿Qué se derivó de la misma? La respuesta está en el diseño industrial. En el momento en que la revolución industrial empezó a producir objetos en masa, no solo se democratizó la técnica, sino que, a su vez, se democratizó la forma, pues todo objeto, aparte de su función utilitarista, posee una función comunicativa, soportada por dicha forma del objeto. Esta forma, o interfaz, es la superficie que el sujeto ve, con la que interactúa, y de la que observa respuestas o le comunica estados del aparato. Y resulta que, en el inicio de la revolución industrial, las interfaces tenían importancia poca o nula a la hora de la manufactura. Los objetos eran “feos”, carentes de formas que evocaran emociones positivas en los individuos, que dieran realimentación apropiada sobre su uso… y es así como la escuela de artes y oficios se dedicaría a mejorar la belleza de los objetos de consumo (Sin éxito, porque una de las cualidades de los objetos producidos en masa es su bajo costo gracias a la masificación del mismo, y los productos diseñados en la escuela de artes eran tan costosos que solo ciertas personas se podían dar el lujo de comprarlos. Sin embargo, es necesario nombrarlos porque sentaron un precedente histórico). La democratización de la belleza, como ellos lo llamaban, sentó un precedente que obligó, primero de manera tentativa y luego de manera directa, a reconstruir los productos de consumo masivo pensando en la forma en la que el usuario interactuaría con ellos, y cómo dicho usuario respondería ante algunos estímulos tanto internos como externos  del propio producto.

El diseño industrial se convirtió entonces en el encargado de garantizar una relación hombre -  máquina, lo más fluida posible. Y era necesario, pues las reglas del consumo habían cambiado: si en un principio, el usuario compraba un producto y era restringido por la poca cantidad de unidades que cada artesano podía producir del mismo (y también era restringido por el costo que el artesano ponía a su producto, partiendo de la idea de que era único en su clase), ahora, al tener una oferta mayor, podía decidir comprar una serie de artefactos, o no, y no dependía del artesano ni de sus productos exclusivos. Pasamos así, de una economía controlada por los productores, a una en la que el consumidor tenía la última palabra. El consumidor podía levantar una empresa en cuestión de días comprando todos sus productos, o podía destruir todo un imperio de productos decidiendo simplemente no comprarlos. El diseño tenía que hacer bien su labor, de eso dependía la supervivencia de las empresas productoras.


Esa necesidad de mejorar los productos y sus interfaces de comunicación (forma), fueron incubadas y experimentadas fuertemente en la Bauhaus, la primera escuela de diseño industrial del mundo. De esta escuela, surgieron propuestas de interfaces tan famosas como la de la “buena forma” (Que actualmente es la base de los electrodomésticos “Braun” y de la empresa “Apple”), que marcarían los desarrollos objetuales de ahí en adelante. Pero mientras el diseño avanzaba en las configuraciones formales-funcionales de objetos de consumo masivo, la tecnología avanzaba también a su ritmo, creando materiales nuevos, tecnologías de producción distintas, artilugios electrónicos como el transistor (que revolucionó el campo de la electrónica), y todo un sinfín de nuevas herramientas conceptuales que alimentaron al diseño en su tarea de mejorar la relación hombre – máquina, entendiendo máquina no como un trasto usado en la industria, sino como objeto. De hecho, el transistor, aparato diseñado en la época de los 50, fue la semilla de la cuarta fase de la historia de la humanidad. Con el transistor, la electrónica procedió a miniaturizarse y a aumentar el flujo de información que se manejaba en los artefactos creados hasta la fecha. Con la evolución de los chips (miles de transistores en una placa de silicio), los microchips, los microprocesadores y las ciencias electrónicas, surgió una nueva forma de interacción hombre – máquina, la interacción basada en la lectura de estados, soportada por el bagaje histórico de productos usados con anterioridad.


Pero ahí no acaba todo. Precisamente la miniaturización de la electrónica aumentó la potencia computacional de los dispositivos. Cosas que eran impensables a la fecha, se volvieron un acto cotidiano (como las calculadoras de bolsillo, que hacen operaciones que le costarían una gran cantidad de tiempo a alguien no muy versado en los números), dispositivos que tenían la misma potencia computacional que los computadores que enviaron al hombre a la luna, ya eran parte del diario vivir de los hogares; herramientas que antes eran del tamaño de una habitación completa (como el computador ENIAC y el UNIMAC) ya se ubicaban plácidamente en la mesa de cualquier casa. Esa miniaturización y aumento en la potencia computacional de los artefactos, les dieron características que en el pasado no tenían, como controles predictivos, displays indicadores, cierto nivel de autonomía frente al hombre que las manipula, y la capacidad de seguir órdenes ya más intuitivas y cercanas al pensamiento humano. En este caso, la relación hombre – máquina se daba gracias a la cantidad de conocimientos almacenados en el subconsciente de los individuos, de productos similares en el pasado.

Hablamos de artefactos que dan una cantidad relativamente alta de realimentación, para que el usuario tome las mejores decisiones frente a su uso. Y haremos una detención en la historia de la relación humano-máquina para hacer evidente una necesidad humana frente a los objetos. Cuando un humano se relaciona con otro humano, aunque no hablen los mismos idiomas, pueden llegar a entenderse con símbolos y signos rudimentarios gracias a que ambos comparten la misma naturaleza biológica, y están unidos gracias a un legado genético que los hace muy cercanos entre sí. Esta naturaleza biológica es un sedimento cultural-bioquímico compartido por todos los individuos de la faz de la tierra.  Y por otro lado, para entender el mundo, el hombre usa su capacidad de pensamiento y  deducción de patrones de comportamiento, usándose a sí mismo como elemento patrón; es decir, el hombre antropomorfiza el mundo para poder entenderlo, porque se entiende a sí mismo y busca similitudes en el exterior que le permitan entender el entorno a partir de sus propias emociones. Si el hombre tiende a antropomorfizar el mundo, era de esperarse que lo hiciera con los objetos, y los dotara de sentimientos, les diera forma “humanoide” (Los autos, por ejemplo, son diseñados de acuerdo con sus funciones, pero el frente siempre es diseñado tomando como referente formal el rostro de un animal superior o con rostro antropomórfico) y, sobre todo, tratara de interactuar con ellos como si en realidad fueran cuasi-humanos.

La panacea del diseño de interfaces es ser capaz de construir un objeto cuya relación con el usuario sea prácticamente igual a la de un ser humano con otro semejante. 

Y esta panacea está harto lejos de ser conseguida debido a que, hasta la fecha, ha sido imposible dotar a las máquinas del sedimento cultural que comparten todos los seres humanos por ser entes biológicos con características funcionales congruentes. Queremos objetos que claramente muestren su uso a través de su interfaz, que no necesiten instrucciones para ser usados, ni entrenamiento, y que, en la medida d lo posible, no sea necesario usar conocimientos adicionales para usarlo, salvo el bagaje adquirido a través del tiempo y de la manipulación de objetos similares. A este objetivo apuntaba, hasta hace poco, el diseño industrial a la hora de realizar interfaces  y tener en cuenta la relación humano – máquina.

Siguiendo con el desarrollo histórico de dicha relación,  la miniaturización y avances en las ciencias electrónicas y computacionales dotaron de aún más capacidades a los artefactos modernos, teniendo la posibilidad de incluso hablar con ellos, dejarlos funcionando prácticamente sin la interacción humana, prediciendo las posibles decisiones del usuario, recibiendo órdenes en forma “natural” (comandos hablados, por ejemplo), interpretando las intenciones humanas y reaccionando de manera preventiva en caso de un error accidental… es decir, pasamos de una interacción humano-máquina en la que se necesitaba el bagaje cultural de objetos similares, a una en la que la propia máquina interpreta al humano, y lo elimina de manera parcial del campo de decisiones. Lo que actualmente pretende el desarrollo de interfaces, no es precisamente hacer un objeto que sea de fácil lectura (aunque obviamente siguen existiendo herramientas rudimentarias, trabajos repetitivos, electrodomésticos que se entienden por entrenamiento, productos masificados, etc), sino un objeto que se comunique de  manera natural con el hombre, que sea capaz de reaccionar tal como lo hace otro ser humano, para evitar a toda costa la necesidad de adiestramiento del hombre frente al artefacto. De hecho, se trata de sacar al hombre de la relación con las máquinas, para que ellas funcionen de manera autónoma, y brinden al ser humano las necesidades que él requiera sin que deba existir una interacción continua y repetitiva.

¿Hasta dónde llegará esta relación? Los más optimistas afirman que las máquinas harán parte de nuestro organismo, eliminándose completamente la necesidad de esa relación, pues el vínculo es tan fuerte que no se pude identificar el uno del otro. Otros tienen una visión más pesimista, en la que se ve la tierra como una enorme bola de desperdicios, agonizante, en la que la relación hombre – máquina es de servilismo, y en la que se mantienen las divisiones sociales (ahora más marcadas porque la humanidad se dividirá en aquellos con recursos económicos para acceder a los beneficios que la tecnología puede proporcionarles, y los pobres, sin acceso a estas tecnologías y sin sus mejoras). Finalmente está la visión apocalíptica en la que se asume que el hombre será consumido por su propia idea de progreso, al acabar todos los recursos del planeta y no evitar a tiempo una catástrofe térmica global.

Sin embargo, el ser humano podría tener una esperanza. La tecnología y las máquinas, con sus componentes electrónicos y sus señales, son muy similares en función a algunos animales primitivos. Es de esperarse que, al ser las herramientas extensiones del propio cuerpo humano, lleguen a integrarse a este de manera tan cercana, que hablemos de una interacción hombre – máquina integrada en el mismo organismo, interactuando con otros objetos como si fueran extensiones de otros sujetos, y llegando a lo que se conoce en la ciencia ficción como la “singularidad”, el momento en que hombre y máquina son uno, y que se desdibujan los confines de la realidad e incluso la identidad individual. Suena a ciencia ficción lejana, pero si nos dedicamos a mirar de cerca el desarrollo tecnológico, vemos dispositivos cuya manipulación es a través de comandos de voz, que se integran a la visión del usuario sin necesidad de interfaz (como las Google Glass, o realidad aumentada), celulares táctiles cargados a través de la fricción corporal, redes de área corporal (Body Area Network), tecnología “vestible” (Wearable computing, como se le llama en los laboratorios), materiales con memoria de forma, redes de sensores inalámbricos, etc. Pasamos de una era en la que las máquinas eran accionadas de manera directa y basadas en la experiencia, a una en la que las herramientas hacen parte del propio cuerpo humano, en las que la interacción suele ser más que intuitiva, natural, y dejamos atrás a Chaplin en el manicomio, desquiciado por sus trabajos repetitivos con máquinas cuya realimentación es nula, lejos de la manada de ovejas que acude diariamente al matadero a hacer exactamente la misma labor durante muchísimo tiempo, y lejos de jefes que valoren más el dinero que el propio empleado. Es obvio que estas prácticas todavía existen incluso en la actualidad (Como es el caso de las ensambladoras de Apple), pero existe la esperanza de que la tecnología, a través de sus artilugios y de sus avances, pueda lograr el cometido para la que se ha desarrollado durante toda la historia de la humanidad: las máquinas existen para que el ser humano sea libre.



viernes, diciembre 21, 2012

El problema del mal escalamiento tecnología-tiempo

Buen día.

En nuestra anterior entrada sobre la naturaleza de la tecnorevolución, nos preguntábamos hacia donde iba la humanidad, al ser capaz de adaptar el ambiente a sus necesidades mientras éste lo adapta a él también, en un bucle cerrado. Si bien por ahora nopodemos dar una respuesta certera a esa pregunta, se pueden plantear numerosas hipótesis basándonos en los desarrollos actuales, la historia, y los visionarios que mostramos caminos posibles ante la creciente ola de incertidumbre y vértigo que genera el cambio de nuestra era. Pero lo que si podemos es desmentir una de las visiones más apoyadas y, suguiero yo, más irreales, de lo que será el futuro: un futuro donde las máquinas nos superen y nos dobleguen.

No lo voy a negar, fui un gran fan de Matrix cuando salió, seguí todas sus películas, sus animatrix, y por mucho tiempo su estilo post-apocalíptico y cyberpunk influyó mucho en mi forma de pensar e incluso en mi estética. Pero cuando entré a estudiar ciencias electrónicas, y vi los avances y limitaciones de la propia tecnología, mi visión fue cambiando de un escenario desolado y controlado por máquinas, a uno donde las máquinas funcionaban para "aumentar" al ser humano, es decir, para desarrollarlo hasta llegar a la singularidad tecnológica.

Spooner hablando con Sony, en "I robot"


Los maestros de la ciencia ficción se deleitan con películas donde los robots nos destruyen, o nos someten. En "Yo Robot" (Alerta de spoilers), por ejemplo, Vicky (la mainframe que controla a todos los robots) decide que el ser humano no es apto para cuidarse a sí mismo, y para cumplir las leyes de la robótica, los obliga a un toque de queda. Curiosamente, un robot con "libertad de elección" y un ser humano con un brazo robótico, permiten la liberación de la humanidad del yugo de la inteligencia artificial que decidió por ellos. Y nombro esta obra de Isaac Asimov, pero más particularmente la película protagonizada por Will Smith, porque es ahí donde se vislumbra el error fundamental de la ciencia ficción al pensar que seremos controlados por las máquinas. Spooner, el protagonista, tiene un implante en su brazo que reemplaza al brazo natural, el cual perdió en un accidente. Ese implante será parte de nuestra tesis central en este escrito.


El error al que nos referimos en las historias de ciencia ficción estriba en asumir que el robot, como creación humana, llegará a ser una máquina similar a un ser humano ANTES de que el ser humano se convierta en algo más allá de su propia humanidad, gracias a precisamente la misma tecnología que se encuentra avanzando. 


Me explico: Un celular, como aparato, parece sencillo. Todos lo tenemos, lo usamos continuamente, y para unos ya es una herramienta indispensable en su diario vivir. Pues bien, yo nací en la época donde no habían celulares, y vi la transición de una sociedad con pocos medios de comunicación colaborativos, a una donde las redes sociales y los dispositivos inteligentes son la regla. Y de lo que puedo estar seguro, es que el celular no solo cambió la forma en que nos comunicamos, sino que abrió todo un nuevo abanico de posibilidades humanas, transformó la sociedad, y al ser humano que usa el dispositivo. De hecho, ningún objeto se desarrolla de manera aislada en el mundo. Cualquier diseño objetual interactúa con el ser humano, transforma el contexto del usuario, y cambia también al usuario. El celular no solo nos permite conectarnos de manera instantánea con otras personas, también genera toda una serie de efectos descubiertos parcialmente por la cyborgantropología, como la expansión de memoria, la importancia del avatar virtual, los "no lugares" (para saber más de estos temas, recomiendo consultar la bibliografia de Amber Case, experta en cyborgantropología, y a la que tuve el placer de conocer), la satisfacción inmediata, el avance en nuestra transformación en cyborgs, etc. A lo que voy es que este único avance tecnológico revolcó totalmente la sociedad.

Amber Case, experta en cyborgantropología: http://cyborganthropology.com/Amber_Case

Ahora bien, de este instante (finales del año 2012), a la creación del robot similar al ser humano, ¿Cuánto tiempo falta? ¿Cuántos avances en ciencia y tecnología se llevarán a cabo?, ¿Cuantos de estos avances no se introducirán en el mundo como nuevos dispositivos, cambiarán al ser humano, al entorno, y plantearán nuevas rutas de desarrollo? ¿ Y cómo cambiará el ser humano de acá a que un robot tenga una similitud con el hombre gracias a todos esos dispositivos que fueron introducidos en el entorno del hombre? La humanidad no se queda quieta mientras la tecnología se desarrolla. El hombre se transforma, se adapta y adapta la nueva tecnología a sí mismo. Esta tecnología expande los límites de ese hombre, y le permite usar otros mecanismos que dependen de la tecnología anteriormente asimilada. El brazo robótico de looper es una muestra de cómo la tecnología ingresa en el ser humano y lo convierten en algo más, algo más fuerte, más ágil, más resistente que la carne. Algo más allá de un ser humano actual. ¿No será que para la época en que tengamos un robot con conciencia, ya habremos alcanzado la singularidadad tecnológica como humanos? Pues viendo las condiciones de desarrollo actual, creo que todavía hace falta mucha ciencia, muchos desarrollos y transformaciones humanas, y sobre todo, muchos cambios en la humanidad como tal.

Otro límite en el desarrollo de un robot que pueda doblegar a un ser humano no estriba en la tecnología como tal, sino en el desarrollo de otras ciencias, como la psicología. Si no entendemos de manera precisa el mecanismo de constitución de la conciencia, ¿Cómo podemos simularla?, si no tenemos claridad en qué es la vida, ¿Cómo podemos reproducirla artificialmente? Si ni siquiera nos hemos puesto de acuerdo en qué es la inteligencia, ¿Cómo podríamos saber que un robot es más inteligente que nosotros? Tenemos entonces por un lado que tanto la sociedad como el propio ser humano se transforman a partir de las invenciones tecnológicas necesarias para crear un robot capaz de doblegarnos (por lo que se plantea otra dificultad, y es que no tenemos ni idea de cómo será el contexto en que esa entidad surgirá, en caso de que lo haga), y por otro lado, que la existencia de dicho robot depende de otras ciencias para que se lleve a cabo, como la psicología, la neurología, y hasta la etología. Pero hay un tercer y cuarto elemento que no hemos tenido en cuenta: la optimización del ser humano y la fusión tecnológica.

La optimización del ser humano se entiende como la capacidad de mejorar las capacidades del hombre por medios no electrónicos. Hablamos de manipulación genética, alimentos transgénicos, con proteinas, con mejoradores de capacidades como la memoria o los procesos digestivos, implantes biológicos liberadores de proteinas, estimuladores musculares, etc. La fusión tecnológica se entiende como el proceso mediante el cual el hombre adquiere artefactos y los fusiona con su cuerpo para optimizar su funcionamiento. Este es el caso del implante de Spooner: el hecho de que él tenga ese brazo no lo hace completamente humano, lo hace un cyborg. ¿Quién nos asegura que no seremos cyborgs para cuando podamos construir un robot con capacidades humanas? Una inyección de nanobots que mantengan nuestro cuerpo en óptimas condiciones es un implante a nivel celular. Un dispositivo que sea capaz de transmitir nuestros pensamientos de manera inalámbrica es un implante, un casco que nos permita controlar todo a través de la mente, ropa inteligente, dispositivos de expansión mental... por no hablar muy lejos, tenemos las redes de area corporal en pleno desarrollo (BAN, por sus siglas en inglés, de las que hablaré en futuros post) y hasta las Google glass son un implante que llegará al mercado pronto y que, al igual que el celular, revolucionará completamente nuestra sociedad por su introducción a la realidad aumentada "on the go" (otro tema del que hablaremos en futuros post).

Google Glasses, un proyecto de google: https://plus.google.com/+projectglass/posts


Así que, podemos seguir viendo explosiones espaciales, robots que nos destruyen, redes que nos manipulan y nos hacen vivir realidades alternas, y todo un sinfin de artilugios imaginativos para hacernos pagar una boleta de cine. Pero yo puedo tener la certeza, casi completa, de que en el momento en que surja un robot con capacidades complejas, nosotros, gracias a la optimización del ser humano y a la fusión tecnológica, sumando a eso la transformación del contexto, estaremos muy lejos de ser lo que una vez fuimos. De hecho, se plantea la duda de si, tal vez, debamos estar en la singularidad para tener las capacidades de construil tal tecnología.

Otros artículos relacionados:
Entendiendo la naturaleza de la tecnorevolución.
La singularidad tecnológica: ¿Qué es?
Las 4 leyes de la robótica
Cyborgantropolo... ¿Qué?

lunes, marzo 26, 2012

El origen de la palabra "tecnorevolución"

Buen día.

Como lo había dicho en mi anterior escrito, he dejado de lado las entradas ilustrativas, para dar paso así a entradas más creativas y críticas. Esta es la primera de ellas, después de mucho tiempo. Y de antemano debo hacer una aclaración y una advertencia: todo trabajo creativo siempre estará a merced de la imaginación de su creador y adolecerá de miles de errores, porque no es más que un punto de vista entre la infinidad de visiones que existen. Pero es mi visión, tan propia como mi personalidad, y tan irreverente como mis intervenciones. También advierto que este primer texto puede sonar un tanto metafísico, pero ¿cómo no hablar en tono metafísico cuando te preguntan el por qué de tu vida, o qué guía tus acciones? Todos tenemos una vena metafísica que nos impulsa a vivir, y a aceptar una existencia que, a ciencia cierta, puede que no tenga fundamento ni sustento, pero que cada uno vuelve importante por ser el único bien del que somos completamente dueños y esclavos: la vida es el bien más propio y más preciado que tenemos, y lo debemos defender a toda costa, aunque sea con razones que otros no entiendan o que algunos piensen que son estúpidas. Al final, es nuestra vida, y podemos hacer con ella lo que deseemos, menos desperdiciarla a través de juicios de otros y miedos infundados que no existen más que en las sombras de nuestra mente. Dejando clara la advertencia, bienvenida la creatividad :D

"Existencia"


Como ingeniero electrónico y estudiante de diseño industrial, pienso que la tecnología le brindará la oportunidad al ser humano  de dar un salto evolutivo sin precedentes. Pienso que la humanidad usará la tecnología como una extensión de sus capacidades, de sus deseos y de su ser, y que al aumentar los límites de sus posibilidades, el hombre dejará su humanidad atrás y se convertirá en algo más.

Si usamos una perspectiva más holística del asunto, es como si el hombre tratara de alcanzar una posición de divinidad, de perfección, a través de la tecnología:

Superinteligencia, comunicación instantanea por "telepatía", regeneración super rápida, inmortalidad, eterna juventud, aspecto físico perfecto, manejo de aparatos a distancia, visión aumentada, hiper-realidad, prótesis potencializadoras de fuerza, máquinas a imagen y semejanza de sus creadores, satisfacción de necesidades básicas para todos, transporte económico y super rápido a través del vuelo, entorno reactivo a partir de las necesidades del usuario...

Estas no son utopías, son cosas que, si ya no están desarrolladas en los laboratorios, se está investigando sobre ellas... y si un humano tuviera todas esas características, ¿Seguiría siendo humano? ¿No sería algo más? ¿Cómo sería nuestra sociedad si nuestra comunicación admitiera un componente telepático-emotivo? ¿O si viviéramos eternamente y la muerte fuera una decisión o un desafortunado accidente? ¿O si pudiéramos revivir a los muertos o copiar nuestras conciencias en ordenadores?



Yo, contrario a muchos de mis congéneres, no pienso que esa transformación sea "mala". Pienso que es una consecuencia de nuestro ser, que es nuestro "destino", nuestra decisión subconsciente, casi podría decir que es el camino que nuestros genes tienen codifidados en sí mismos. Como con todos los avances, siempre existirán retos y amenazas, pero soy del corte optimista que piensa que el instinto de supervivencia y de conservación de la especie prevalecerá sobre el pesimismo y el miedo. Puede que la tecología nos aleje de nuestra  humanidad actual, pero no porque la elimine, sino porque la trasciende. Tal vez, en algún momento, nos percatemos de que cada uno de nosotros no es más que una simple "macroneurona" de un vasto cerebro...

Y viendo esta cadena de acontecimientos y ese horizonte de transformación, siento que no debo quedarme quieto dejando que todo fluya a la deriva. Yo escribo para impulsar la conversion del ser humano, a través de la tecnología, en algo mas trascendente. El proceso mediante el cual el hombre se transforma en ese "algo más", yo lo he llamado "Tecnorevolución"; ese "algo más" es lo que conocemos como la "singularidad tecnológica", y desde este punto de vista me defino como un tecnorevolucionario, el primero en su especie en llevar ese nombre, aunque muchos desde hace mucho tiempo lleven realizando una tarea similar a la que me propongo. Mi legado a la humanidad será entonces dejar conocimiento, ideas, y si mi vida me lo permite, tecnología, que sirva de base para el desarrollo de la tecnorevolución.

Todo proceso de cambio es siempre brumoso, lleno de caos y de confusión. Cuando hablamos de revoluciones, no solo hay caos, sino que en algunos casos hay destrucción y lucha entre viejos y nuevos paradigmas. El proceso de cambio en la tecnorevolución será tanto o más azaroso, errático y lleno de conflictos como cualquier otro cambio en la historia de la humanidad. Es probable que nazca aversión a la tecnología, que surgan grupos que se manifiesten enérgicamente en contra de esta transformación, y son libres de surgir, ya que siempre se necesitarán fuerzas en constante lucha entre sí para generar avances y correcciones en un proceso (en economía, se dice que la competencia genera innovación y optimización de procesos). ¿Están listos para ver cómo muchas de las estructuras que conocen y que piensan como comunes, se desmoronan sin previo aviso? Pues deberían.

Película "Inception"

Tecnorevolución, un nuevo enfoque

Buen día.
A través de mi blog he tratado de explicar varios temas que conciernen a lo que yo considero que será nuestro futuro. He hablado sobre robots, medicamentos que afectan la capacidad de procesar información, sensores inalámbricos, redes entre carros, realidad aumentada y muchos otros temas que se pueden encontrar en el índice de mi blog. Pero ¿Para qué sirve todo esto?

Uno de los escritores que más ha influenciado mi pensar es Alvin Toffler, con su libro "La tercera ola". En su obra, Toffler nos explica cómo la sociedad se divide en épocas que dependen de descubrimientos científicos y cambios tecnológicos que alteran profundamente la manera en que vivimos Estos cambios son como olas, que se superponen en el tiempo y se suman o se suprimen, pero que independientemente de su naturaleza, generan cambios. Los cambios más importantes fueron los siguientes:
  1. El primer cambio fue el que generó el descubrimiento de la agricultura, que convirtió a los seres humanos de comunidades nómadas, a comunidades sedentarias. Este primer cambio tuvo repercusiones tan profundas que incluso hoy las sentimos: el inicio de los pueblos, la arquitectura, el pastoreo, el comercio, y la producción intelectual. 
  2. El segundo cambio fue realizado por la máquina de vapor de James Watts, o más bien, por la revolución industrial. Esta maquinaria cambió completamente la forma de producción de objetos para las ciudades, creó la actual urbe, y dio inicio a la actual carrera de tecnificación de las sociedades.
  3. El tercer cambio nació con la era digital. Aún ahora no podemos decir cuales son sus efectos decisivos, pero nos es evidente que han creado cambios profundos en la forma en que los seres humanos trabajan, se comunican, aprenden y viven. Y el solo hecho de crear un cambio en la comunicación entre comunidades, crea un vasto intercambio de información, que ha desembocado en, incluso, el impulso del postmodernismo.

Una verdad así, tan evidente como esta, fue la que me marcó profundamente. Soy ingeniero electrónico, y siempre me he sentido maravillado de la forma como la electrónica se parece a los sistemas vivos. No creo que sea casualidad que el control moderno, usado en las fábricas para controlar procesos productivos, tenga similitudes con los ecosistemas y que la forma en que la cibernética los estudia sea similar con ambos temas. No creo tampoco que los robots, que son sistemas controlados, se parezcan por casualidad a organismos vivos (en su función algunos, y otros en su forma) y que hayan nacido del mito del hombre que trata de crear un ser a imagen y semejanza (para conocer la historia, los invito a leer el mito de Galatea y Pigmalion). Tampoco creo que sea casualidad que la inteligencia artificial haya avanzado gracias a la evolución de las redes neuronales, la lógica difusa y los algoritmos genéticos (sin quitar mérito a la rama de la inteligencia artificial que toma la lógica como elemento fundamental para el desarrollo de la inteligencia y no la biomímesis de procesos). No creo que el grafeno sea una coincidencia, y que sea una casualidad que su base, el carbono, sea el elemento principal de la química orgánica. No creo que el hecho de que  la nanotecnología se parezca a la construcción de células o de microorganismos sea una casualidad o una coincidencia. No creo que la relación entre la vida y la tecnología que se ve a través de los avances actuales sea una simple coincidencia.



¿Qué es lo que propongo? Que la tecnología no solo afectará profundamente la manera en que vivimos, pienso que irá más allá, que es una exteriorización de nosotros mismos, que es una ampliación de nuestros límites. La tecnología nos potencia como seres humanos, nos permite avanzar más rápido en la evolución misma. No es una "cosa" que hacemos para vender, es el ser humano extendiendo su humanidad a través de la construcción de dispositivos con los que se comunica y controla. Una revolución es un cambio profundo y radical de lo que era y lo que es. La tecnorevolución es precisamente la forma en que la tecnología revoluciona la humanidad misma, el ser humano tal como lo conocemos, amplía sus límites y lo convierte en algo más.

¿Bueno o malo? No lo se, pero lo que si se es que el camino en que el hombre sea uno con la tecnología no está lejos, y que no es un movimiento comercial, ni filosófico, ni cultural, sino que es una consecuencia de la evolución, algo que tarde o temprano sucederá. La tecnorevolución es, según mi definición, el proceso como el ser humano deja su humanidad para, con la técnica, convertirse en algo más, en que llega a lo que en la ciencia ficción llamamos "singularidad" o a lo que los acontecimientos históricos lo conviertan.

Y es por esto que de ahora en adelante escribiré no para ilustrar, sino para aportar a la tecnorevolución. A través de mis ensayos y escritos, crearé conocimiento, definiciones y conceptos que permitan abordar la tecnorevolución de la mejor manera. Hay que prepararse para el futuro, y sea cual sea, lo construiremos.

PD: Para crear un cambio, hay que ser un hombre enamorado de una causa. Y yo estoy enamorado :D

Enlaces relacionados:
La singularidad tecnológica, ¿Qué es?

domingo, marzo 25, 2012

La singularidad tecnológica: ¿Qué es?

Buen día.

Este artículo será el último (por ahora) en el que tratemos conceptos básicos para entender el futuro. De ahora en adelante, el blog tendrá un enfoque mas crítico y constructivo, en vez de ilustrativo. Usaré los artículos precedentes para tener pilares en los cuales basarme para construir posibles futuros y evaluar las implicaciones de los acontecimientos tecnológicos, así como crear conceptos y expresiones que puedan ser usadas por la sociedad en general para entender y explicar el futuro.


La singularidad es una expresión interesante. En astrofisica, cuando estudiamos los agujeros negros, nos damos cuenta que existe una zona de los mismos donde la física que conocemos, pierde sentido. Según la física moderna, todas las partículas (incluyendo los fotones, que son los componentes esenciales de la luz), se curvan al ser afectados por la gravedad. En un agujero negro, existe un punto infinitamente pequeño, con una masa extremadamente grande, creando así un sitio en el espacio con una densidad cercana al infinito. Este sitio tiene tanta fuerza gravitatoria, que ni siquiera la luz puede escaparse a su atracción.




Alrededor de ese sitio existe una zona, llamada el "radio de schwarzschild", que es una zona geométricamente similar a una esfera, donde, si se entrase a la esfera, sería imposible salir de ella gracias a la gravedad del agujero negro. El punto con densidad cercana al infinito es llamado "la singularidad" y el cascarón que rodea el radio de schwarzschild es llamado el "horizonte de sucesos". Más allá del horizonte de sucesos, no tenemos idea de qué pasa, porque ni siquiera la luz puede salir para llegar a nuestros ojos y permitirnos saber cómo se comporta el universo en ese lugar.

Dejando de lado lo extremadamente interesante que puede ser un agujero negro (es que solo imaginar que existe un lugar en el universo donde las leyes físicas pierden sentido ya es ... wow... :D ), el término "singularidad" ha sido usado en la tecnología para explicar un fenómeno similar al que se produce en los agujeros negros, pero en la sociedad en general, y mucho más importante, gracias a la tecnología.

Hemos visto como la cantidad de información en la sociedad se ha multiplicado de una manera impresionante gracias al uso de la red y de los avances tecnológicos. También vemos que los avances tecnológicos traen consigo más avances tecnológicos que son creados a partir de los primeros. Bueno, viendo este comportamiento, se observa un crecimiento exponencial en tanto avances como en información. Y como es de esperarse, estos avances traen cambios sociales asociados, y de cierta manera esos cambios afectan la forma en que el ser humano se comporta y "evoluciona". Este cambio tecnológico y avance hace pensar que puede llegar algún momento en que creemos estructuras superinteligentes que puedan ayudar, competir, superar, fusionarse con, o destruir al hombre. El punto es que esta superinteligencia cambiará la forma en que la sociedad "es", de una manera tan radical que ninguna persona, anterior a la singularidad, podrá predecir o explicar. Interesante, ¿no?



Este es un tema que trataremos de una manera vasta en próximos artículos, porque da muchísimo de qué pensar y en qué reflexionar. Algunos piensan que la superinteligencia será despertada en las máquinas y que estas nos destruirán (Y tenemos a Terminator); algunos otros piensan que nos someterán (Y tenemos, claro está, a Matrix); algunos más optimistas piensan que convivirá con nosotros de una manera pacífica (Tenemos la película "Inteligencia Artificial), y algunos más piensan que será consecuencia de muchos ordenadores conectados, que despertarán como una inteligencia colectiva ("El día en que la tierra se detuvo" es un ejemplo cercano a esta visión).

Así se ve la internet, como una red neuronal

A mi opinión personal, la visión con la que más coincido es la de que nos fusionaremos con nuestros avances de manera que daremos un salto evolutivo gigantesco, y que aquellas personas que no se acoplen a dicha fusión, serán aquellos que no entenderán ni predecirán el cambio social que ocurrirá ("Ghost in the shell", la primera película, trata de manera tangencial esta fusión).




¿Cómo llegaremos a esta singularidad? ¿Cuál será el camino que tomará la historia al crearse esa superinteligencia? ¿Sobrevivirá la sociedad a este cambio? ¿Nos estamos acercando a la singularidad? ¿Si será posible esta singularidad como la explica la ciencia ficción? Son preguntas que abren el debate del camino que tomará la sociedad, y que sería necesario responder, en caso de que se quieran tomar medidas de precaución para dicho cambio.
 
Así terminamos con nuestra serie de conceptos básicos para entender el futuro. Ahora solo sigue empezar a construir la revolución tecnológica hacia el futuro, la tecnorevolución.